Alexia Mittrany

Alexia Mittrany

Confianza sincera y recuerdos de un vínculo entrañable

Alexia apareció en mi vida en uno de mis viajes a Lima, en una época en la que Surco era casi una extensión de mi vida. Cada vez que iba, pasaba bastante tiempo por esa zona visitando a mi abuelita, compartiendo con mi familia y regresando a lugares que siempre me hacían sentir cerca de mis raíces. Ella también vivía por Surco, y fue en medio de esa rutina tan familiar para mí que empezó una amistad que no esperaba.

Desde el comienzo fue fácil conversar con ella. Había una tranquilidad especial, como si no hiciera falta forzar nada. Poco a poco empezamos a compartir más: planes, ideas, historias de vida, dudas y esas cosas que uno no suele contarle a cualquier persona. Alexia tenía una manera directa de hablar de lo que quería para su vida. Desde temprano me dejó claro que buscaba una relación seria y que no le interesaba quedarse en algo sin dirección.

Además de su personalidad, Alexia tenía una presencia muy particular. Su herencia japonesa y peruana formaba parte de una identidad que llevaba con naturalidad y mucho encanto. Tenía una elegancia tranquila, de esas que no necesitan llamar la atención para hacerse notar. Era la forma en que se desenvolvía, conversaba y transmitía seguridad.

Yo, en cambio, estaba en una etapa distinta. Ya tenía una relación comprometida y, aunque había una atracción y una conexión genuina entre nosotros, preferí mantener nuestra amistad en un lugar que no generara expectativas que no podía cumplir. Aun así, eso no hizo que la relación fuera fría o distante. Al contrario, con el tiempo se fue construyendo una confianza profunda.

Alexia me hablaba de cosas muy personales. Me contaba cómo veía su futuro, qué cosas imaginaba para su vida y cuáles no. Recuerdo que no se veía necesariamente saliendo del país ni construyendo una vida lejos de los suyos. También me dejó claro que no se imaginaba teniendo hijos. Eran conversaciones sinceras, de esas que muestran cómo una persona piensa de verdad cuando se siente cómoda contigo.

Yo, por mi parte, ya estaba en una relación con alguien que sí imaginaba tener hijos en el futuro. Era una diferencia importante en la manera en que cada uno veía la vida, aunque en ese momento nuestra conexión se mantenía principalmente dentro de una amistad profunda y honesta.

Tal vez por eso nuestra amistad se sentía distinta. No era solamente hablar por hablar. Había curiosidad genuina, confianza y una sensación de que ambos podíamos compartir partes de nuestra vida sin tener que explicar demasiado. Yo sentía que Alexia me permitía conocer su mundo de una manera muy honesta.

En una de esas conversaciones me comentó que tenía un tío y una tía viviendo en Atlanta. Quedamos en que, cuando viajara a visitarlos, nos veríamos también allá. Y así fue: terminé haciendo el viaje para verla y compartir unos días con ella en una ciudad que para ambos tenía algo de nuevo e inesperado.

Esos días en Atlanta quedaron guardados de una manera especial. No eran días normales. Había algo bonito en estar lejos de la rutina, en una ciudad que para ambos tenía algo de desconocido.

Durante esa visita, Alexia viajó junto a su mamá y su abuelita, y me presentó a todos. Aunque recién me conocían, su tío y su tía fueron muy amables conmigo. Su tío incluso me invitó a cenar y a un concierto de ópera. Recuerdo a su familia como personas cálidas, abiertas y muy acogedoras. Me hicieron sentir bienvenido desde el primer momento, algo que para mí tuvo mucho peso y que fortaleció aún más la confianza que ya existía entre Alexia y yo.

También fue durante ese viaje que fui por primera vez a un concierto de ópera. Nunca había vivido algo así. Era una experiencia completamente nueva para mí, y haberla compartido con Alexia y con personas importantes de su familia hizo que se volviera todavía más especial.

Cuando ella regresó y yo volví a casa, sentí que nuestra amistad había ganado otro nivel de cercanía. Ya no era solamente alguien con quien hablaba en Lima. Habíamos compartido un viaje, conocido a nuestras familias y creado recuerdos fuera de lo habitual. Había una confianza distinta, más fuerte, más cercana.

Más adelante, en uno de mis siguientes viajes a Lima, también quise que conociera una parte importante de mi vida. Le presenté a Shane y pasamos un par de días juntos. Salimos, conversamos, compartimos momentos tranquilos y Alexia también me presentó a una amiga. Fueron días bonitos, sin grandes planes, pero con esa comodidad que existía cuando estábamos juntos.

Sin embargo, después de ese viaje sentí que algo cambió. La siguiente vez ya no fue igual. La conversación comenzó a sentirse más distante, menos natural. Poco a poco, Alexia se fue alejando. Nunca supe exactamente qué fue lo que sintió o qué pasó por su mente, pero imagino que ver que mi relación con Shane iba en serio pudo haber cambiado la forma en que entendía nuestra amistad.

Con el tiempo, la comunicación se fue apagando hasta que la distancia se volvió definitiva. Fue algo que me dolió porque, desde mi lado, yo veía nuestra amistad como una de esas conexiones que podían durar muchos años. Había confianza, recuerdos, química como amigos y una cercanía que no se construye fácilmente.

A pesar de cómo terminó, guardo buenos recuerdos de Alexia. La considero una gran persona y una buena amiga. Recuerdo su forma de conversar, la confianza que me tuvo, la manera en que me abrió una parte de su vida, y la calidez con la que su familia me recibió en Atlanta.

No todas las amistades terminan con una discusión o una despedida clara. Algunas simplemente se van apagando, se quedan suspendidas en una distancia que nadie termina de explicar. A veces hay sentimientos, decisiones o circunstancias que cambian todo sin que uno pueda volver atrás.

Me gustaría pensar que algún día podamos reconectar. No necesariamente para volver a lo que era antes, porque el tiempo cambia a las personas y cambia los vínculos, pero sí para recuperar algo de esa amistad sincera que alguna vez sentimos que podía durar por muchos años.

Alexia siempre será parte de esos recuerdos de Lima, de los viajes inesperados y de las amistades que, aunque no permanecen como uno quisiera, dejan una marca bonita en la historia de uno.

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